lunes, 20 de octubre de 2014

Santa Misa a la Santa Mesa



El culto es obviamente pagano, no existe San La Muerte en ningún Santoral, y no tiene fecha especial de celebración.Se encuentra en la Provincia de Corrientes, y también en El Chaco, Misiones y Formosa. 

Su objeto es el de conseguir trabajo o de no perderlo; hallar cosas perdidas; obtener el amor de alguien, vengarse de un desaire, de una afrenta, de un mal recibido o por no ser correspondido afectivamente.



La veneración de San La Muerte no es improvisada ni desprolija, aunque sí, diversa. Es un santo sin fecha fija, dado que en algunos sitios se lo celebra el 20 de agosto y en otros el 15 del mismo mes, e incluso se tiene noticia de que en algún lugar del sur de Brasil se festeja el 13. 


En cuanto a las celebraciones semanales, se encuentra aun más variedad; hay quienes lo "respetan" los días lunes, porque los lunes es el día de los difuntos y hay quienes lo hacen los días viernes, estableciendo alguna relación con la muerte de Cristo, que aconteció en dicho día.

De esta manera, el día lunes es el que corresponde a los pedidos de trabajo, y el viernes a los de amor. 

Como en toda verdadera celebración o festejo, el clima festivo comienza mucho antes del momento específico del acontecimiento. En Barranqueras (Chaco), el 15 de agosto es el día del asado y el baile, de la música y las oraciones, en honor a San La Muerte. Esto sólo es así para el observador improvisado. En verdad, la fiesta es por el Santo pero para la gente, y comienza varios días antes, con la preparación del terreno, el armado del escenario, la cocina, las luces, el sonido, los adornos, el decorado, las velas de lujo, las flores, el ropaje especial del Santo y de los fieles, los cartelesETC.

Fiesta que se organiza estrictamente con ofrendas, regalos y donaciones de fieles, promeseros, simpatizantes (ya sea del santo y/o de la persona encargada de él) e incluso de políticos.

Según Doña Porota Morínigo, propietaria de uno de los santuarios más conocidos de la zona de Resistencia (Chaco) en donde se venera al Santo, esas escenas se repiten año tras año, especial aunque no exclusivamente, los días 15 de agosto.

Sin mucho que envidiarle a la misa, la mesa se transforma en un rito comunitario, festivo, en donde nunca falta el vino y los platos rara vez permanecen vacíos. Vino, asado, cumbia -a modo de canto gregoriano- de fondo; sin embargo, el rito nunca pierde el clima ceremonial, profundo, si se tolera, santo. La celebración no tiene, en general, un carácter de recogimiento, pero cada una de las personas que asisten entablan una relación particular con el Santo, que en algún momento -aunque breve- del día adquiere la forma de una oración introspectiva, sentida, honda. 

Es, quizás, el momento de mayor conexión entre el promesero y su santo; en la mayoría de los casos se trata de una oración hablada, improvisada, en donde se le mencionan al Santo -si esto vale, se le plantean- los problemas, los pedidos, los agradecimientos, y fundamentalmente, las promesas. Esta oración se realiza de rodillas frente al altar (en todos los casos pequeño y con un solo reclinatorio) y por lo tanto es de a uno por vez que los devotos se acercan a peticionar, luego de haber realizado una fila que en cierto horario alcanza una gran cantidad de personas.

Desde muy temprano hasta la madrugada del día siguiente, los fieles desfilan ante el altar dejando su limosna (que no siempre es dinero), y estableciendo este vínculo personal, exclusivo entre el santo y el promesero -dado que no ocurre nunca que dos personas se arrodillen al mismo tiempo-. En cuanto a la mecánica de funcionamiento, si no fuese que del otro lado no hay un sacerdote sino San La Muerte, podría decirse que se parece bastante a la mecánica de un confesionario tradicional católico. Los más tímidos, o los que pretenden permanecer más tiempo del que la caravana de fieles permite los días 15, visitan al Santo el día anterior, día en el que la menor concurrencia posibilita un encuentro prolongado y ante un público más acotado.

Frente al culto de San La Muerte, la Iglesia ha asumido una posición que, como en otros casos, acude a cierta hipocresía consistente en, por un lado, negar su validez y condenar el culto como una herejía supersticiosa, y por el otro lado, aceptarlo en la práctica como una forma más de religiosidad popular, bendiciendo sus capillas, sus estampas, e incluso, a sus seguidores. Estas últimas actividades las realiza en silencio, camufladamente, incluso a veces, escondiendo al santo debajo de una almohadilla sobre la cual hay una cruz u otro símbolo propio de la simbología cristiana. Saben los sacerdotes católicos que están bendiciendo a San La Muerte; es más, algunos de ellos, especialmente los que han sido criados en Resistencia y/o en Corrientes creen en San La Muerte dado que lo conocen desde pequeños, le han rezado y aún le rezan, pero son conscientes de que participan de una Institución que los obliga a, al menos externamente, negar su propied

San La Muerte permanece junto al Gauchito Gil en los altares domésticos, en las mesas de luz, en los portadocumentos, en las agendas, etc…

Extracto del trabajo de Sebastian Carassai "Símbolos y fetiches en la construcción de la identidad popular: San La Muerte. El santo non santo. Meditaciones en torno a San La Muerte
Fuente: 
Diccionario de Mitos y Leyendas - Equipo NAyA
http://www.cuco.com.ar/



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